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Números
del 1 al 4
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INDICE:
Demuestra ser digno colega del alcalde de El Ejido. Podrían montarse
juntos un congresito, y de paso invitar a Haider Si hay algo rechazable en política es la actitud de quienes, prevaliéndose de su representación institucional, no tienen ningún reparo en recurrir al falseamiento de la historia con ocasión de discursos en celebraciones solemnes, allá donde no es posible la réplica. A veces casi, casi, suena a discurso cierto e integrador. Tal es la maña para construir un entramado de medias verdades y citas fuera de contexto que debemos reconocer que, aún estando atento, es difícil captar la perversión del lenguaje. Es ése el más execrable ejercicio de prostitución. Algo muy parecido ocurrió el 28 de febrero, Día de Andalucía, en Torremolinos. El alcalde, Pedro Fernández, realizó uno de los ejercicios de malabarismo a que nos tiene acostumbrados. Alabó la figura de Blas Infante; hizo un repaso de la historia andaluza, desde los tartesios hasta los turistas que pueblan nuestras costas; y terminó envolviéndose en la bandera andaluza: «Andalucía por sí, para España y la Humanidad». Parecía todo tan verosímil...pero la verdad era otra. El subconsciente lo traicionó. Comenzó alabando la «invasión pacífica de millones de turistas»; continuó achacando a Blas Infante «filias árabe-africanas y fobias europeístas». Olvidó explicitar cuáles fueron las «trágicas circunstancias de su muerte» (a manos de la intolerancia fascista) y acusó a otros de «querer utilizar y aprovecharse de su nombre», para terminar negando el carácter nacionalista (en el marco del Estado Español) de su pensamiento político. Y, paradoja, mientras se envolvía en la bandera andaluza, la policía local estrenaba un llamativo uniformo rojo y gualdo con un vistoso pompón de plumas. De forma subliminal la conclusión era: España ¡UNA!, España ¡GRANDE!, España ¡LIBRE! Justo la concepción contra la que luchó Blas Infante, la que le costó su trágico final. Y, como no, aparecieron, sí, las filias y las fobias del alcalde, cuando alabó las excelencias de la invasión turística e ignoró la que era noticia en todos los telediarios en aquella fecha: la de los desposeídos que en El Ejido quieren labrarse un futuro. La alfombra para los poderosos, las espuelas para los desposeídos. Ni una sola llamada a la concordia y comprensión con los inmigrantes. Fernández olvidó lo más profundo del pensamiento de Blas Infante, esencia de un empuje arrasador que ha de mover al pueblo andaluz: «Andaluces, levantaos, pedid tierra y libertad...». No, no fue un olvido. Fue pura y simple prostitución. Félix Martín Carro García Lorca y Rafael Alberti destacaron sobre todo como poetas, pero ambos cultivaron también el teatro y, en menor medida, la pintura y el dibujo. Pertenecieron a una generación artística privilegiada. Superada la tristeza nacional y el existencialismo vital de la generación del 98, un destacado grupo de nuevos artistas floreció bajo las libertades de la II República. En un tiempo en el que no comprometerse políticamente era poco menos que imposible, ambos poetas, como la mayoría de los intelectuales españoles de la época (Picasso, Buñuel...), se alinearon muy claramente con la izquierda, con valores como la solidaridad, el reparto de la riqueza, las libertades individuales, la igualdad y la justicia. Esto lo pagó Federico García Lorca con la vida, fusilado
a manos de los fascistas alzados en armas contra la República.
A Rafael Alberti, su militancia comunista le costó muchos años
en el exilio.
El pensamiento liberal, en el que desgraciadamente también se enmarcan los cuadros del PSOE, justifica la existencia de empresas mixtas y la privatización de los servicios con el argumento de que ambos métodos facilitan una «gestión más eficaz y flexible» de la que podría proporcionar directamente una institución (un Ayuntamiento, en nuestro caso). La falacia se ha repetido con tanta asiduidad a lo largo del último decenio que ha terminado por convertirse en verdad indiscutida. Pero nunca se ha explicado por qué debe ser así. De hecho, una buena gestión de los recursos viene, en todo caso, garantizada por un buen gestor. Que el gestor sea público o privado no varía su eficacia, sino su concepto de lo que es «bueno» para la organización que gestiona y la colectividad a la que sirve (ciudadanos o accionistas). Si los servicios que hoy vienen prestados al pueblo por empresas más o menos públicas, y en algunos casos privadas, fueran prestados directamente desde el Ayuntamiento a través de una concejalía específica, la eficacia no disminuiría necesariamente. Si el concejal de turno y su equipo técnico resultan mejores gestores que el director de una empresa privada, el resultado será mejor en cuanto a asignación de recursos y satisfacción del consumidor. Respecto de la empresa privada, la gestión pública tiene una gran ventaja: no precisa obtener, ni mucho menos maximizar, beneficios económicos. De este modo, los servicios prestados resultan más económicos sin que se resienta su calidad: el consumidor se ahorra la parte del precio destinada a los beneficios del empresario. Respecto de la empresa pública y mixta, la gestión directa debe ofrecer transparencia en la gestión. Porque si en una empresa pública el control sobre contrataciones de personal es inexistente, se propicia el enchufismo y el chantaje político a los empleados. Sucede lo mismo con la compra de materias primas: no hay necesidad de establecer concursos públicos. Pero el dinero sí es público. ¿Quién controla entonces la posibilidad de sobornos, comisiones, amiguismo? Soplan desde hace ya mucho vientos liberales y, con la mayoría de los partidos socialdemócratas europeos rendidos al credo del pensamiento único, decir ciertas cosas se convierte en herejía económica. Pero que nadie se llame a engaño: la privatización de los servicios y la gestión privada de empresas públicas, con todo su disfraz de modernidad y eficacia, son lobos con piel de cordero. Ambas prácticas no son sino un invento más para sacar tajada de lo público sin salir del marco de la legalidad. Son también vuelta al caciquismo, a la represión de las libertades individuales a través del control económico del individuo. David Tejeiro Salguero ASTOSAM: grifería de oro para el Partido Popular Los vecinos seguramente recordarán que tras las elecciones municipales de 1995 el PP de Torremolinos, en coherencia con lo que hacen los partidos de derecha en todo el mundo -expoliar al máximo posible el patrimonio público-, privatizó un 50% de la empresa municipal de aguas ASTOSAM. IU y otros colectivos sociales denunciaron en su día cómo se realizó la venta y, sobre todo, el ridículo importe de la misma. La empresa adjudicataria fue AQUAGEST. Pues bien, como de bien nacidos es ser agradecidos, esta empresa ha ofrecido ahora un sustancioso contrato de trabajo a D. José Avila, concejal del PP en nuestra localidad recientemente dimitido y que, a qué engañarnos, cada vez contaba menos para los suyos. Buen retiro le han buscado. Pero naturalmente hay más. ¿Adivinan quién ha entrado a sustituir a José Avila en el Ayuntamiento? Lo han acertado: ¡la hasta ahora secretaria de dirección de ASTOSAM! Parece que el entramado político, mediático y económico de Fernández en nuestro pueblo sigue extendiendo sus tentáculos. En Benalmádena planean privatizar el servicio de limpieza de playas. ¿Es que un Ayuntamiento no es capaz de organizar dicho servicio? ¿O será que al concejal de turno le apetece un trabajo de salvavidas?
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